Miles de manifestantes tomaron las calles de Novi Sad en Serbia y Sarajevo en Bosnia, demandando elecciones anticipadas y reformas anticorrupción tras accidentes fatales atribuidos a negligencia gubernamental. En Serbia, las protestas, lideradas por estudiantes, se intensificaron tras el derrumbe de un techo en una estación de tren en noviembre de 2024 que mató a 16 personas, simbolizado por huellas de manos rojas en carteles. Los ciudadanos marcharon por la segunda ciudad más grande, conocida como la Atenas serbia, exigiendo accountability política.
En Bosnia, el descarrilamiento de un tranvía el jueves pasado causó la muerte de un estudiante de 23 años y heridas graves a varios, avivando acusaciones de fallos sistémicos por corrupción. Manifestantes en la capital bosnia pidieron investigaciones independientes y rendición de cuentas, extendiendo un movimiento regional que dura más de 15 meses. Estos eventos coinciden con conmemoraciones culturales, pero priorizan la presión por cambio de gobierno.
Las protestas reflejan un descontento creciente en los Balcanes con administraciones percibidas como corruptas, inspiradas en movimientos vecinos. Autoridades enfrentan demandas de transparencia en infraestructuras, con potencial para escalar si no responden. Este clamor por democracia y justicia resalta tensiones persistentes en la región post-Yugoslavia.