En 1535, el navegante portugués Simón de Alcazaba y Sotomayor fundó el primer asentamiento español en la costa patagónica, en la caleta de Hornos, actual provincia de Chubut. Este puerto natural, protegido por acantilados y rico en vida marina, fue bautizado Puerto de los Leones por los lobos marinos que lo habitaban. Aunque el sitio duró solo tres meses debido a un motín, marcó el inicio de exploraciones y disputas en la región, atrayendo cazadores y factorías europeas durante siglos.
La biodiversidad de la zona, impulsada por la confluencia de corrientes cálidas de Brasil y frías de Malvinas, genera un afloramiento de nutrientes que sostiene plankton, peces y mamíferos como delfines y ballenas. Especies endémicas como el pato vapor, incapaz de volar pero veloz en el agua, y colonias de pingüinos magallánicos en islas cercanas, destacan la riqueza ecológica. Históricamente, esta abundancia llevó a la explotación de aceite de pingüino, grasa de lobos y guano como fertilizante, dejando ruinas de factorías francesas e inglesas del siglo XIX.
En 2009, esta área se transformó en el Parque Nacional Marino Costero Patagonia Austral, abarcando 132.000 hectáreas de estepa y mar. Protege 13 de 16 especies de aves marinas litorales y poblaciones de lobos marinos, preservando microalgas como base de la cadena alimentaria. Este hito refleja el giro de Argentina hacia la conservación, honrando la historia exploratoria mientras asegura la sostenibilidad de un ecosistema vital para la reproducción de vida marina.
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La primera fundación española en Patagonia y el nacimiento de un parque marino
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