En el Barrio Chino de Buenos Aires, miembros de la comunidad furry, autodenominados 'Terians', comparten su experiencia de identificarse parcialmente con animales a través de disfraces y máscaras. Jóvenes como una niña de 12 años que se presenta como Curry y Alaska, un lobo gris, explican que esta expresión surgió de conexiones personales profundas, no como una moda reciente, sino como una evolución interna.
Los Terians enfatizan que su identidad es parcial: humanos en la vida cotidiana, pero animales en momentos de expresión libre. En entornos laborales o familiares, muchos mantienen reserva, revelando su lado furry solo en espacios seguros. Rechazan estereotipos negativos, como ser llamados 'cucas' o acusados de violencia, insistiendo en su pacifismo y negando incidentes de mordidas como 'noticias falsas'.
Frente a críticas que los tildan de pérdida de tiempo o buscan laburo, responden defendiendo su rol como actividad sana y artística. Destacan la comunidad global, con internas mínimas, y aclaran confusiones con licantropía: van al hospital por problemas humanos, no a veterinarias. Esta subcultura promueve libertad personal sin dañar a nadie, desafiando prejuicios sociales.