Los precios de la carne en Argentina registran incrementos semanales del 5% al 6%, acumulando entre 8% y 10% en lo que va del año, presionados por la escasez de hacienda atribuida a lluvias y menor oferta. Carnicerías en barrios como Chacarita reportan que intentan absorber parte de estos costos para mantener ventas, pero el límite se acerca, con facturas de luz superando los tres millones de pesos mensuales. El consumo ha caído un 5% o 6%, obligando a los clientes a optar por cortes económicos como picada, oso buco o pollo, en detrimento de clásicos como bife o lomo.
Encargados de carnicerías destacan la preocupación de consumidores que reducen compras de 2-3 kilos a apenas uno, reflejando el impacto en la economía familiar. El pollo, con subas del 2% reciente, se posiciona como alternativa accesible a 4.500 pesos el kilo, mientras el cerdo se mantiene estable por ahora. Sin embargo, la insostenibilidad es evidente: locales pequeños cierran por no poder cubrir alquileres y servicios, y colegas confiesan que el volumen de ventas baja mes a mes, amenazando la viabilidad del sector.
Promociones como paquetes de picada a 20.000 pesos por dos kilos o descuentos en pollo buscan retener clientela, pero expertos advierten que sin intervención en la cadena de suministro, los aumentos persistirán. Este escenario no solo afecta a compradores, sino a un rubro que genera empleo local y resalta la vulnerabilidad de la industria cárnica ante variables climáticas y económicas. Urge una política que estabilice precios para evitar más cierres y escasez en mesas argentinas.