La inflación en dólares registró un incremento del 6,5% en enero, superando ampliamente la baja del 3,5% que experimentó la moneda en el mismo período. Anualizada, esta cifra alcanza más del 80%, lo que representa un deterioro significativo del poder adquisitivo de los salarios reales. Desde mayo del año pasado, cuando la inflación en dólares era del 1,4%, el indicador no ha dejado de escalar, duplicándose en el último mes y afectando directamente a los hogares argentinos.
Los salarios no han acompañado este ritmo inflacionario, generando una brecha que complica el día a día de las familias. En el transporte público, por ejemplo, el subte cuesta casi el doble que un boleto de colectivo, incentivando a muchos a optar por alternativas más económicas como el Metrobús, que ofrece tiempos similares de viaje. Sin embargo, estos gastos hormiga, como un café matutino o un trayecto innecesario en subte, acumulan pérdidas considerables: 1.400 pesos mensuales en transporte pueden traducirse en hasta 12 millones de pesos a lo largo de 20 años.
El consumo de alimentos también refleja esta presión económica. La carne ha subido entre un 15% y 20%, reduciendo drásticamente su ingesta, mientras que el pollo, alternativa tradicional, aumentó casi un 50%. Cada vez más personas buscan opciones baratas cerca de obras en construcción o priorizan productos de temporada como el choclo. Además, la reduflación –la disminución del tamaño de los envases sin bajar precios– obliga a los consumidores a verificar precios por kilo o litro para maximizar su presupuesto.
En supermercados, la merma por vencimiento alcanzó el 4%, señal de una caída en el consumo que lleva a descuentos agresivos en productos próximos a caducar. Expertos recomiendan revisar fechas de vencimiento y buscar góndolas de ofertas para ahorrar, mientras que el aumento en el consumo de huevos –a 5.000 pesos por maples de 30 unidades– se posiciona como una fuente proteica accesible, siempre priorizando tamaños mayores para mayor rendimiento.