La industria argentina cerró el 2023 con un uso de la capacidad instalada del 53,8%, un nivel alarmante que representa una caída respecto al año anterior y se sitúa por debajo de los registros de la pandemia de 2020. Este indicador revela que las fábricas producen menos de la mitad de su potencial, agravando la crisis sectorial en un contexto de recesión económica.
El sector textil opera al 35%, mientras que el automotriz, uno de los más afectados, apenas alcanza el 31,2%, supliendo la demanda con importaciones. Otros rubros como productos de caucho y neumáticos también sufren, con un 33,4%, y la heterogeneidad se evidencia en la industria alimenticia al 63,6% y química al 58,6%. Esta caída abrupta, comparada con un 'cuchillo que se hunde', refleja la falta de piso en la actividad fabril.
Expertos advierten que sin medidas de reactivación, la situación podría empeorar, impactando empleo y crecimiento. Los datos de la consultora INDEC subrayan la urgencia de políticas que impulsen la demanda interna y controlen la inflación, para evitar un colapso mayor en el tejido productivo nacional.