El Helicoide, un icónico edificio de estilo brutalista en Caracas, fue concebido en los años 50 como un ambicioso centro comercial y hotel accesible por automóvil, durante el auge petrolero de Venezuela bajo la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Sin embargo, el proyecto colapsó con la quiebra de la constructora, dejando una estructura abandonada por décadas hasta que en los 80 se instalaron agencias estatales, incluyendo servicios de inteligencia.
Con la llegada de Hugo Chávez al poder, el edificio se transformó en la sede del SEBIN y la Policía Nacional Bolivariana, convirtiéndose en un centro de detención notorio. La oposición denuncia capturas de presos políticos desde el golpe fallido contra Chávez en 2002, con informes de torturas y malos tratos intensificándose tras protestas en 2014 y 2017. Organizaciones como Foro Penal y Human Rights Watch han documentado una persecución sistemática, culminando en denuncias de la ONU en 2019 sobre salas de tortura y violaciones a derechos civiles.
Testimonios de exdetenidos describen horrores como extracciones de cabello con alicates, golpes con martillos en hombros y rodillas, y asfixia con botas en el cuello. Muertes sospechosas, como las de Fernando Albán en 2018 y Raúl Isaías Baduel en 2021, fueron atribuidas a causas naturales por el gobierno, aunque sus familias lo refutaron. Tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026, se liberaron cientos de presos políticos mediante una ley de amnistía, aunque persisten denuncias de más de 600 casos pendientes.
La reconversión del Helicoide en un centro social, deportivo y cultural marca un giro prometedor, pero el legado de abusos exige justicia y reformas profundas para restaurar la confianza en las instituciones venezolanas.
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El Helicoide: De centro comercial fallido a símbolo de represión en Venezuela
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