En la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, el carnaval se vive con una intensidad única que fusiona tradición andina y celebración colectiva. El desentierro del diablito, símbolo de alegría y abundancia, marca el inicio de nueve días de fiesta donde la Pachamama es honrada por la cosecha. Este ritual, que comienza con promesas en agosto, transforma los cerros en un escenario de colores vibrantes y música contagiosa, invitando a todos a unirse a la algarabía.
El diablito representa no el mal, sino la vitalidad y la gratitud hacia la tierra, permitiendo un descontrol festivo donde vecinos y visitantes comparten comidas, bailes y encuentros espontáneos. Diferente al carnaval de Gualeguaychú, aquí el público es protagonista: se integra a las comparsas de hasta 300 diablos enmascarados, confeccionando trajes y bautizándolos en rituales que mantienen viva la cosmovisión indígena. Lugares como Humahuaca, Purmamarca y Tilcara se llenan de serpentina, espuma y hoja de coca, celebrando la renovación cultural.
Esta tradición, arraigada en el respeto a la naturaleza, fomenta noviazgos efímeros y conexiones profundas, recordando que el carnaval es un tiempo de agradecimiento y libertad. Para los que no han vivido esta experiencia, es una invitación a descubrir el norte argentino, donde la fiesta trasciende lo superficial para conectar con la esencia de la Pachamama y la comunidad.
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El espíritu del carnaval en Jujuy: Desentierro del diablito y tradiciones ancestrales
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