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El auge de inyecciones para adelgazar en el Reino Unido y sus riesgos

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En el Reino Unido, casi 5 millones de personas utilizan o planean usar inyecciones como semaglutida para perder peso, reduciendo el apetito y generando cambios drásticos en la figura. Sastrerías londinenses como Kent & Hyde reportan un aumento en arreglos de ropa, mientras restaurantes adaptan menús más pequeños para clientes habituales que comen menos. Aunque efectiva para diabetes u obesidad extrema, la tendencia se extiende a adultos sanos, con costos mensuales de 200 a 400 euros en consultas privadas.

Pacientes como Shukri, quien bajó de 87 a 66 kilos desde abril de 2025, destacan beneficios, pero expertos advierten del 'efecto yo-yo' si no se cambian hábitos alimenticios. El Servicio Nacional de Salud receta estrictamente, pero muchos acuden a fuentes no reguladas, comprando online sin supervisión médica, lo que genera riesgos como trastornos alimentarios o complicaciones. Farmacéuticos como Olivier Picard relatan casos de medicamentos falsos de salones de belleza o entrenadores, endureciendo regulaciones pero criticadas por laxas.

Críticos temen que esta moda refuerce imágenes corporales negativas, especialmente en personas vulnerables, promoviendo un uso innecesario de fármacos. Profesionales insisten en que el éxito requiere cambios sostenibles, no solo inyecciones, para evitar rebotes y problemas de salud a largo plazo en una sociedad obsesionada con la delgadez.