Estados Unidos ha intensificado su presencia militar en el Golfo Pérsico en vísperas de una crucial reunión diplomática con Irán. La Casa Blanca, bajo la dirección de Donald Trump, ha reposicionado aviones de combate y cisternas desde bases en Reino Unido hacia la región, extendiendo la permanencia de unidades que debían rotar. Este movimiento se produce a pesar de los esfuerzos por reanudar el diálogo bilateral, destacando la tensión subyacente en las relaciones entre Washington y Teherán.
En las últimas semanas, se registraron más de 250 vuelos de carga que trasladaron equipos a Jordania, Baréin y Arabia Saudita. Imágenes satelitales revelan la presencia de 12 cazas F-15 en bases aéreas jordanas, junto con sistemas adicionales de defensa aérea. El portaaviones USS Gerald Ford opera en conjunto con bombarderos estratégicos, recordando operaciones previas en el Caribe que culminaron en la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.
Este despliegue, más simbólico que operativo inmediato, subraya la determinación de EE.UU. de mantener una postura firme. Mientras el diálogo busca desescalar el conflicto, la activación naval en aguas clave del Golfo resalta los desafíos para la estabilidad regional, especialmente en un contexto de prioridades diplomáticas para el verano en América Latina.