En Argentina, el costo de llenar el changuito varía significativamente por región, con la Patagonia como la zona más cara, alcanzando los 900.000 pesos en provincias como Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego. Factores logísticos y de transporte elevan los precios de alimentos, impactando el presupuesto familiar pese a salarios más altos en el sur.
En contraste, el norte del país ofrece precios más accesibles en Misiones, La Rioja y Chaco, con una brecha de hasta 100.000 pesos respecto al sur. Sin embargo, en estas áreas el gasto representa cerca del 30% de dos salarios promedio, el doble que en Patagonia, donde equivale al 15%, equilibrando el poder adquisitivo.
La inflación alimentaria, que superó el 70% anual, agrava estas disparidades, golpeando más al Gran Buenos Aires y sectores vulnerables. El consumo cae en supermercados y comercios de proximidad, impulsando sustituciones por opciones económicas como pollo, en un contexto donde las exportaciones sostienen el sector pero no el bolsillo local.