La escasez de combustible en Cuba, agravada por restricciones estadounidenses a exportaciones venezolanas, ha impulsado a los residentes a depender de vehículos eléctricos para movilidad diaria. Apagones masivos afectan toda la isla, paralizando el transporte y la economía, con la administración de Donald Trump declarando a Cuba una amenaza a la seguridad nacional y penalizando envíos de petróleo. Países aliados como México y Venezuela reducían suministros, dejando a la población en una crisis energética profunda.
Los cubanos enfrentan colapso en el suministro de gasolina, obligando a improvisar soluciones sostenibles como bicicletas eléctricas y autos convertidos. Esta situación humanitaria resalta las consecuencias del embargo y las sanciones, impactando la vida cotidiana en La Habana y provincias.
La transición forzada hacia energías alternativas podría fomentar innovación local, pero sin alivio en las restricciones, la crisis persiste, exacerbando desigualdades y desafíos logísticos en la isla.
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Crisis de combustible en Cuba obliga a adoptar vehículos eléctricos
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