La escasez crónica de combustible en Cuba, agravada por restricciones estadounidenses, obliga a los residentes a repensar su movilidad diaria, promoviendo el auge de vehículos eléctricos como motos y autos pequeños importados de China. Esta crisis afecta no solo el transporte, sino industrias enteras y la generación de energía, dejando a muchos incomunicados y dependientes de bicicletas o caminatas.
El turismo, principal fuente de divisas, se ve golpeado: vuelos cancelados y advertencias de países como Rusia y Canadá redujeron visitantes, con repatriaciones de emergencia. La falta de combustible paraliza el sector, impactando empleos y economía local en un contexto de dificultades preexistentes.
Gobierno y ciudadanos adaptan soluciones sostenibles, priorizando eléctricos para mitigar la dependencia fósil. Sin embargo, la situación económica complica el acceso a estas alternativas, reservadas a privilegiados. Cuba busca diversificar importaciones para estabilizar suministros, mientras la crisis resalta vulnerabilidades globales en cadenas de energía.
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El pulso
Crisis de combustible en Cuba impulsa el uso de vehículos eléctricos
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