En enero, el consumo de carne vacuna en Argentina registró una caída del 13% interanual, el nivel más bajo en dos décadas, pese a ser un mes tradicionalmente alto en ingesta proteica. Los aumentos del 70,8% en el precio anual, superando la inflación, obligan a las familias a reducir porciones o sustituir por opciones más baratas como pollo.
El sector se sostiene gracias a exportaciones robustas, pero el impacto en la dieta nacional es profundo, alterando una costumbre cultural arraigada. La canasta básica alimentaria subió por encima del IPC, afectando especialmente a hogares de bajos ingresos donde la carne representa un pilar nutricional y simbólico.
Esta tendencia, observada en los últimos meses con subas del 4,4% solo en enero, refleja la crisis económica: menos cortes premium y más recortes en el plato diario. Expertos advierten que, sin ajustes en precios o subsidios, el consumo podría seguir descendiendo, cuestionando la sostenibilidad de un emblema gastronómico argentino.