El almacenamiento de energía es clave para estabilizar renovables ante fluctuaciones climáticas, como periodos sin sol o viento que elevan precios. Para 2050, se necesitarán más de 1.000 gigavatios, con mercado global superando 230.000 millones de dólares en siete años. Baterías de iones de litio dominan, pero dependen de metales controvertidos como cobalto y níquel, con riesgos de incendios como el de California en 2025.
Las baterías de flujo redox, patentadas por NASA en 1970, usan líquidos electrolíticos como vanadio para almacenar energía en tanques externos, escalables independientemente de potencia. No inflamables ni degradables, permiten reutilizar electrolitos si fallan componentes, contrastando con litio desechable. Adaptables a picos de demanda o almacenamiento masivo de parques eólicos, operan en instalaciones como la solar de Mallorca.
Aunque más caras inicialmente que litio, su durabilidad y seguridad las posicionan para sistemas estacionarios grandes. Reducción de costes determinará su adopción, esencial para independencia climática y cumplimiento de metas CO2. Investigadoras como Claudia Beidly destacan flexibilidad para equilibrar suministros variables.
Canal 26
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Resumen 26
Baterías de flujo redox: alternativa segura al litio para renovables
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