La reciente protesta en Buenos Aires derivó en actos violentos con bombas Molotov, cascotes y tachos de basura incendiados, amenazando incluso a periodistas en el lugar. Imágenes muestran preparativos de proyectiles y confrontaciones con la policía, evocando un retroceso a métodos extremos que legitiman la violencia como justicia social. Expertos advierten que, aunque minoritarios, estos grupos causan daños graves, con hipótesis de infiltraciones o financiamiento externo que no deben descartarse.
La ministra de Seguridad anunció la detención de Milton Tolomeo, identificado como autor de un lanzamiento de Molotov para sembrar caos y desestabilizar instituciones, capturado en Avellaneda tras análisis de videos por el DCI de la Policía Federal. Clasificado como terrorista de alto riesgo, su caso refuerza la política de tolerancia cero contra vándalos. El foquismo, teoría de los 70 que busca expandir la violencia desde focos pequeños, parece inspirar estas acciones desorganizadas pero peligrosas, incluyendo barras bravas o anarquistas marginales.
La sociedad argentina rechaza mayoritariamente esta espiral, pero urge indagar detrás de los detenidos: quién provee materiales, diagramó ataques o financia. Elementos como chalecos de prensa falsos sugieren planificación. En un país diverso, el contagio podría permear mentes propensas al daño, demandando responsabilidad del gobierno y fuerzas de seguridad para prevenir escaladas.
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Violencia en protestas: Bombas Molotov y detención de anarquista en Buenos Aires
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