Beatriz Berger, una de las primeras víctimas del cirujano estético Aníbal Lotoki, reveló las graves secuelas de sustancias tóxicas inyectadas sin su consentimiento durante una intervención en 2017. Inicialmente buscaba un procedimiento en glúteos, pero descubrió inyecciones en los pechos que generaron granulomas, dolores crónicos y una 'bomba de tiempo' en su cuerpo, con síntomas como ardor, calambres y debilidad que emergieron años después.
En Colombia, un cirujano extrajo el material durante una operación impactante, donde el tejido endurecido y calcificado desprendió un olor nauseabundo similar a veneno, obligando al equipo a usar múltiples tapabocas. Berger, quien tardó en diagnosticar su condición por rechazo médico, enfatiza que estas sustancias pueden detonar entre 6 meses y 30 años, afectando a decenas de mujeres con un costo emocional y físico inmenso.
La justicia negó a Lotoki la prisión domiciliaria, y se investiga su rol en la muerte de Silvina Luna. Abogadas destacan que la prescripción inicia al descubrir el daño, no en la inyección, permitiendo juicios por lesiones graves. Casos como el de Berger impulsan mayor regulación en cirugía estética y apoyo a víctimas, recordando que no se trata de mala praxis sino de inyección deliberada de veneno.
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Víctima de Aníbal Lotoki denuncia secuelas de sustancias tóxicas inyectadas
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