Uruguay genera el 98% de su energía de fuentes renovables, combinando eólica, hidroeléctrica, biomasa y solar, lo que le permite exportar excedentes a Brasil y Argentina por casi 90 millones de euros al año. Esta transición, iniciada hace décadas, surgió de la dependencia pasada en importaciones de gas y petróleo, impulsada por una estrategia política bipartidista que garantiza estabilidad a largo plazo mediante contratos de 20 años con inversores privados.
Los agricultores se benefician alquilando tierras para parques eólicos, complementando ingresos tradicionales con pagos fijos sin interferir en cultivos. Esta visión integral fomenta confianza y continuidad, beneficiando a consumidores con precios estables. A pesar de su tamaño pequeño, Uruguay demuestra que naciones del sur global pueden liderar la transición energética, superando limitaciones financieras y de recursos con decisiones de Estado visionarias.
Sin embargo, el país no abandona del todo los fósiles: ANCAP explora petróleo y gas en sus costas, similar a Namibia, invirtiendo más de 135 millones de euros. Los ingresos potenciales se destinarán a renovables, biocombustibles e hidrógeno verde, resolviendo la paradoja al promover sostenibilidad. Mientras países grandes como Alemania importan carbón, Uruguay ilustra que la escala no es barrera, sino la voluntad política lo es todo.