En los barrios vulnerables de Argentina, jóvenes de entre 16 y 20 años narran una vida marcada por la violencia, la droga y la falta de oportunidades, donde la 'ley de la calle' dicta las reglas. Testimonios revelan cómo el consumo temprano de sustancias –desde porros a los 8 años hasta drogas duras en la adolescencia– se normaliza en entornos familiares disfuncionales, con padres o tíos involucrados en delitos. Un joven de 19 años cuenta cómo escapó de un intento de robo con una pistola que falló, impulsándolo a buscar salida a través de la música.
La pobreza y la ausencia de contención familiar empujan a estos 'pibes malditos' a defenderse con cuchillos o a unirse a bandas, donde robar se ve como supervivencia. Entrevistados en Moreno y Tucumán describen cómo las redes sociales amplifican la agresividad y la intolerancia, formando mentalidades donde un choque menor puede escalar a pelea. Madres como la de un adolescente de 18 años lloran la pérdida de control, atribuyéndolo a un sistema que falla en la educación y la inclusión.
Expertos coinciden en que el 2% de menores comete delitos, pero el contexto socioeconómico es clave: fallas en el sistema educativo y familiar perpetúan el ciclo. Mientras algunos buscan redención reconociendo su violencia interior, otros aceptan la delincuencia como inevitable, destacando la necesidad de políticas preventivas más allá de castigos punitivos.
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Pibes malditos: la realidad de la delincuencia juvenil en Argentina
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