La cosecha argentina de 2026 enfrenta incertidumbre tras un enero seco que afectó cultivos demandantes como soja y maíz, pese a condiciones favorables hasta diciembre con suelos húmedos y lluvias regulares. Especialistas evalúan si precipitaciones recientes compensan el déficit, con proyecciones entre 48 y 50 millones de toneladas para soja, por debajo del récord de 2015.
Los maíces tempranos están garantizados, pero los tardíos dependen de lluvias en el próximo mes crítico de formación de granos. Se esperan 40 milímetros semanales en febrero, potencialmente elevando la producción a 140-150 millones de toneladas totales si se materializan, según la Bolsa de Comercio de Rosario y Buenos Aires.
El panorama es un mosaico regional: NOA con regularidad hídrica y buenos rendimientos en trigo y girasol, mientras zonas como Entre Ríos sufren sequía. Menos olas de calor este verano ayudan a la recuperación, pero la frecuencia de precipitaciones definirá ingresos para productores.
Esta campaña resalta la vulnerabilidad climática, subrayando la necesidad de pronósticos precisos para optimizar la agricultura argentina, motor económico nacional.