En Luján, Buenos Aires, las inundaciones recurrentes han marcado la vida de generaciones, con crecidas del río que alcanzan niveles como los 4 metros 10, recordando desastres como el de 1985. Vecinos como Sergio, presidente de la Asociación Inundados de Luján, relatan cómo el agua invade hogares y campos, dejando hasta un metro y medio de acumulación en episodios pasados, afectando directamente la calidad de vida de miles de familias.
Para mitigar estos riesgos, la provincia de Buenos Aires impulsa una obra hidráulica histórica de 42 kilómetros que abarca Luján, Pilar, Exaltación de la Cruz y Mercedes. Incluye el dragado y ensanche del río Luján de 20 a 70 metros, reacondicionamiento de puentes y mejoras en el drenaje, diseñadas para manejar grandes volúmenes de agua durante lluvias intensas. Estas intervenciones buscan prevenir desbordes y transformar el miedo estacional en progreso urbano.
Los trabajadores involucrados destacan el impacto positivo, como la satisfacción de contribuir a una mejora colectiva. Nacidos y criados en la zona, afirman que sin estas obras, eventos como las lluvias de mayo habrían sido catastróficos. Apoyada por el gobernador y los intendentes locales, esta iniciativa provincial demuestra cómo el Estado puede ofrecer soluciones concretas a problemas endémicos, beneficiando a comunidades vulnerables y promoviendo el desarrollo sostenible.
La obra no solo es técnica, sino un símbolo de esperanza para regiones propensas a inundaciones. Al priorizar la infraestructura pública, se reduce la dependencia de emergencias reactivas, permitiendo que Luján y alrededores crezcan sin el espectro constante de desastres naturales.