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La mágica bajada de los diablos en el carnaval de Maimará, Jujuy

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En Maimará, Jujuy, miles de personas se congregan en las faldas del Cerro de los Siete Colores para vivir la bajada de los diablos, una tradición que fusiona creencias indígenas, influencias españolas y el espíritu festivo del carnaval. Este ritual, que dura nueve días, comienza con el desentierro del diablillo Puyay, un espíritu juguetón y no maligno, honrando a la Pachamama en la apacheta. Comparsas con trajes elaborados durante todo el año, adornados con lentejuelas, espejos y sedas, descienden entre humo, música de bombos y bronces, y una marea humana que baila con harina, papel picado y nieve.

El espectáculo atrae a turistas de toda Argentina y el mundo, transformando el pueblo de apenas 3.000 habitantes en un epicentro de hasta 35.000 almas. Niños de cinco años y ancianos de 80 participan, asegurando la perpetuidad de esta costumbre que mezcla lo místico con lo terrenal. Los diablos, diablas y diablitos, irreconocibles bajo máscaras y talco –símbolo de encuentro con los muertos–, rinden homenaje a la madre tierra antes de mezclarse con el pueblo en una caravana hacia la plaza central, donde la fiesta continúa con libaciones y bailes.

Esta celebración, pintoresca y colorida, resalta la identidad cultural del norte argentino. Las comparsas, algunas con más de 56 años de historia, desfilan bajo el sol que realza sus atuendos, creando un panorama inolvidable. Al finalizar los nueve días, el diablillo se entierra nuevamente, marcando el fin temporal de esta explosión de alegría colectiva.