En el cementerio de La Chacarita, el más grande de Sudamérica, descansa María Salomé Loredo de Subisa, conocida como la Madre María, una figura de devoción popular en Argentina. Nacida en España en 1854, emigró a Buenos Aires con su familia huyendo de las guerras carlistas y se radicó en Saladillo. Casada dos veces, primero con un modesto trabajador y luego con el terrateniente Aniceto Subisa, su vida cambió drásticamente al ser diagnosticada con una grave enfermedad pulmonar a los 28 años.
Buscando alivio, visitó al curandero Pancho Sierra en Salto, quien le profetizó una larga vida sin hijos de sangre, pero con miles de espirituales. Cumpliendo esa visión, María transformó su hogar en La Rioja 771 en un espacio de predicación evangélica, atrayendo multitudes en busca de consuelo, trabajo o profecías. Vivió 74 años, dedicando su existencia a la caridad y prediciendo incluso su muerte el 2 de octubre de 1928, fecha en que una multitud, incluyendo al presidente Hipólito Yrigoyen, acompañó su entierro.
Su mausoleo en La Chacarita recibe el mayor número de flores del camposanto, con fieles renovándolas los días 2 y 22 de cada mes, en homenaje a sus fechas de nacimiento y fallecimiento. Una tradición única consiste en arrojar claveles rojos o blancos a su escultura; si una flor se queda suspendida en sus dedos, se interpreta como augurio de prosperidad y buena suerte. Esta devoción perdura como símbolo de fe milagrosa en una santa laica que encarnó el humanismo argentino.