En un nuevo caso de violencia urbana, un agente penitenciario fue asesinado a balazos durante un intento de robo mientras realizaba delivery en moto en la zona de José C. Paz. El hijo de la víctima, también repartidor, presenció el hecho y describe cómo los delincuentes dispararon a quemarropa al descubrir la pistola reglamentaria, pese a que el padre entregó la moto y mochila. La familia queda destrozada, con un hermano menor de 11 años sin su sostén.
El testigo relata que corrió al oír los disparos, encontrando a su padre agonizante con la pistola descargada y aferrado a su mano. El policía, quien complementaba su salario con Uber y delivery para mantener a su familia, representa el drama de miles de trabajadores expuestos a la inseguridad. La zona, pese a patrullas urbanas cercanas, carece de control efectivo, con incidentes similares recurrentes, como el de un amigo policial robado un mes antes.
La familia exige justicia inmediata y critica la ineficacia policial local, donde una patrulla dormía durante un robo previo. Este suceso subraya la vulnerabilidad de los repartidores en barrios periféricos, donde la presencia estatal falla en proteger vidas cotidianas.