Cuba enfrenta una aguda crisis de combustible agravada por sanciones estadounidenses, que han limitado las exportaciones de petróleo de aliados como Venezuela, ahora bajo influencia de Washington tras la captura de Nicolás Maduro. El presidente Trump declaró a la isla como amenaza inusual, imponiendo aranceles a proveedores de la estatal Cupet. Esta situación, recurrente pero intensificada, obliga a la población a replantear opciones de movilidad, favoreciendo el debate sobre vehículos eléctricos como alternativa sostenible.
Proveedores y fabricantes de autos eléctricos ven oportunidades en la escasez, que afecta la vida diaria y la industria. Países como México, bajo Claudia Sheinbaum, envían ayuda humanitaria con toneladas de alimentos básicos, mientras Rusia ofrece petróleo desafiando amenazas de EE.UU. Sin embargo, la dependencia de importaciones persiste, exacerbando la desesperación en la isla.
La transición hacia eléctricos representa no solo una necesidad inmediata, sino una oportunidad para modernizar el transporte cubano. Aunque limitada por infraestructura, esta crisis podría catalizar innovaciones locales, reduciendo vulnerabilidad a fluctuaciones geopolíticas y promoviendo energías renovables en un contexto de aislamiento económico.
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Escasez de combustible en Cuba impulsa el auge de vehículos eléctricos
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