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El molino Forclas: el sueño inconcluso de inmigrantes suizos en Entre Ríos

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En 1859, la familia Forclas, originaria del cantón suizo de Bex en los Alpes, llegó a las llanuras de Entre Ríos buscando una nueva vida. Juan Forclas, con visión emprendedora, construyó un molino a viento para procesar los granos de trigo y maíz cultivados por los pioneros. La estructura, con paredes de piedra mora de un metro de espesor y engranajes de hierro de precisión suiza, representaba la ingeniosidad de estos inmigrantes que transformaron la tierra virgen en productiva.

La vida familiar era de esfuerzo compartido: familias numerosas con nueve hijos que aportaban mano de obra, comedores amplios para almuerzos colectivos y momentos de ocio con grapa o caña con ruda para entrar en calor. El molino incluía sistemas antiguos como malacates tirados por mulas y engranajes de quebracho sumergidos en agua para evitar pudrición, reflejando una era de autosuficiencia rural. Sin embargo, el proyecto principal, el molino a viento, nunca operó por falta de vientos constantes en la zona.

Juan Forclas murió en 1902 víctima del marasmo, una enfermedad que lo debilitó progresivamente, similar al destino inmóvil de su creación. Hoy, recreaciones teatrales por vecinos reviven esa época, honrando el legado de estos colonos que, pese a las frustraciones, forjaron comunidades duraderas en la Argentina del siglo XIX.