La temporada de verano en la costa bonaerense registra una caída del 25,4% en la afluencia de turistas, con 830.000 personas menos que el año anterior, según datos oficiales del gobernador Axel Kicillof. Esta retracción se evidencia en la menor utilización de la cuenta DNI, con un descenso del 38%, y en la facturación que apenas alcanza el 60% de lo esperado.
Reportajes desde Pinamar muestran un movimiento irregular: fines de semana largos con mayor presencia, pero días de semana con baja ocupación en balnearios y restaurantes. Turistas consultados admiten compras locales por ofertas, como dos por uno en ropa y descuentos en efectivo, pero evitan gastos altos. Precios accesibles en algunos comercios contrastan con la percepción general de costos elevados, impulsando el ahorro en comida y transporte.
En destinos como Necochea y Mar del Plata, el consumo se centra en opciones económicas como pizzerías y comida rápida, con escasa demanda de carne o productos premium. Testimonios de locales y visitantes destacan que la gente viaja con provisiones de casa para amortiguar gastos, reflejando un poder adquisitivo limitado que prioriza playas gratuitas sobre consumos onerosos.
Esta situación subraya la presión económica sobre el sector turístico, clave para la economía provincial, y plantea desafíos para la recuperación post-temporada en un contexto de inflación persistente.