Beatriz Berger y otras víctimas del esteticista Fabián Lotoqui sufren graves consecuencias de inyecciones con sustancias derivadas del petróleo y cementos de contacto, usadas ilegalmente para procedimientos como aumentos de glúteos. Berger, quien vendió su departamento para costear cirugías reconstructivas en Colombia, describe dolores crónicos, nódulos, manchas en la piel y el síndrome de ASIA, una enfermedad autoinmune que afecta riñones, pulmones y movilidad.
Durante una operación, el olor a petróleo emanaba de su cuerpo, requiriendo múltiples pausas y barbijos para los cirujanos, quienes no pudieron extraer todo el material. Las afectadas enfrentan un riesgo latente: la sustancia migra por el organismo, potencialmente causando fallos orgánicos o cáncer en un plazo de seis meses a 30 años, convirtiéndola en una espada de Damocles constante. Berger viajó a Colombia para remover parte del material, pero persisten complicaciones como un nódulo pulmonar.
Lotoqui niega problemas en sus 30 años de práctica, pero víctimas como Beatriz insisten en que las reacciones tardías ocultan el verdadero alcance, con muertes no reportadas. Expertos advierten que este 'cemento' solidifica como prótesis dental, inflamando tejidos y órganos. Las denuncias judiciales avanzan lentamente, y las afectadas claman por investigaciones exhaustivas, incluyendo testimonios internacionales, para alertar sobre los peligros de intervenciones no reguladas y buscar justicia.
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Víctimas de Lotoqui denuncian secuelas irreversibles: 'Es una bomba de tiempo en el cuerpo'
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