El presidente Donald Trump ha ordenado el redireccionamiento del portaaviones USS Gerald Ford, el más grande del mundo, desde el Caribe hacia el Mar Arábigo, intensificando la presión sobre Irán en medio de delicadas negociaciones nucleares. Este movimiento, que incluye una armada con el USS Abraham Lincoln, destructores y submarinos, prepara a Estados Unidos para un posible conflicto prolongado si fallan los diálogos. Washington exige la cancelación total del programa nuclear iraní y discute sus misiles balísticos, mientras Teherán defiende su derecho a usos civiles.
Funcionarios estadounidenses anónimos revelaron a Reuters que se anticipa un enfrentamiento de semanas, con capacidades para atacar desde el mar y defender bases en la región. El Gerald Ford, equipado con dos reactores nucleares, más de 75 aviones y radares avanzados, aumenta la presencia militar para intimidar y proteger aliados. Irán, que amenazó con cerrar el Estrecho de Hormuz —por donde pasa el 20% del petróleo mundial—, podría responder con mayor fuerza que en incidentes previos contra Israel y EE.UU.
En paralelo, Reza Pahlavi, hijo del último Shah de Irán, pidió en Múnich ayuda a Trump para derrocar la República Islámica, afirmando que el pueblo iraní confía en el liderazgo estadounidense. Este despliegue eleva las apuestas en un contexto de proxies debilitados y tensiones regionales, donde un cierre del estrecho podría disparar precios globales de energía.