En un sincero descargo, un reconocido encuestador argentino denunció la profunda crisis ética que atraviesa su profesión, afirmando que ha sido prostituida por colegas corruptos dispuestos a manipular datos por dinero. Según su testimonio, muchos encuestadores falsifican resultados para complacer a clientes políticos, erosionando la confianza pública en las encuestas y afectando la democracia al tergiversar la opinión pública.
El experto enfatizó la necesidad de diferenciar la ciencia de la estadística de las prácticas deshonestas de algunos profesionales, comparándolo con no juzgar toda la medicina por un mal actor. Reveló que en elecciones recientes, los resultados reales de las urnas contrastan con encuestas manipuladas, impulsadas por la obsoleta teoría del 'carro del vencedor', que hoy resulta ineficaz ante fenómenos como el 'carro del perdedor'.
Esta autocrítica busca limpiar el rubro, promoviendo la transparencia y la honestidad. El encuestador defendió su pasión por la profesión mientras alertaba que la falta de confianza en las encuestas refleja, en realidad, desconfianza en los encuestadores inescrupulosos, urgiendo un debate más amplio sobre los problemas inherentes a la estadística aplicada a la política.