China implementó la política de un solo hijo desde 1979 hasta 2015 para controlar la superpoblación, limitando familias a un heredero. Esta medida, que duró 36 años, redujo drásticamente los nacimientos, dejando solo 7,9 millones en 2024, un número alarmante para un país de su escala.
En 2016, se permitió dos hijos, y desde 2021, tres, pero la natalidad sigue cayendo debido a costos elevados de educación y crianza. Ahora, el gobierno revierte el curso ofreciendo incentivos como 500 dólares por hijo y subsidios educativos para equilibrar una población envejecida y escasa en jóvenes.
Este cambio refleja preocupaciones por un desequilibrio demográfico que amenaza la economía y la sostenibilidad social. China, pionera en control poblacional, ahora fomenta la familia numerosa para asegurar su futuro.