En lo que va del año, ya se registran cuatro asesinatos de efectivos de fuerzas de seguridad en el Gran Buenos Aires, un ritmo preocupante que supera las cifras del año anterior para esta época. El último caso involucró a un policía bonaerense asesinado en un hecho que marca el segundo homicidio en 24 horas, sumándose a la muerte de un agente federal retirado que trabajaba como chofer de una aplicación en Villa Domínico.
Este incremento en la violencia contra las fuerzas del orden refleja una escalada de inseguridad en el conurbano, donde los ataques a policías se han convertido en una constante. Expertos advierten que, al ritmo actual de casi dos por mes, el 2026 podría cerrar con cifras récord, lo que pone en jaque las estrategias de prevención y protección para los uniformados.
Las autoridades llaman a la reflexión sobre las causas profundas de esta ola de violencia, incluyendo el narcotráfico y la falta de recursos, mientras las familias de las víctimas exigen medidas urgentes para garantizar la seguridad de quienes velan por la de todos. Este fenómeno no solo afecta a los policías, sino que agrava la percepción de inseguridad en la región metropolitana.