El gobierno ruso ha implementado un bloqueo total a WhatsApp, afectando a más de 100 millones de usuarios, argumentando incumplimientos a la legislación local sobre datos y privacidad. Esta medida sigue a restricciones previas en Telegram, acusada de violar normativas nacionales, y busca impulsar el uso de plataformas nacionales como Max, más controladas por el Kremlin. La decisión se enmarca en una represión más amplia contra la disidencia durante la ofensiva en Ucrania, donde las apps de mensajería encriptada han sido clave para difundir información en tiempo real sobre el conflicto.
Críticos y defensores de derechos humanos ven en estas restricciones un intento claro de vigilancia y control estatal, similar a bloqueos en Irán, limitando la capacidad de la Generación Z y activistas para organizar movimientos o compartir noticias independientes. El portavoz del Kremlin ha promovido Max como alternativa accesible, pero la medida genera preocupación por cortar canales de comunicación vitales, especialmente en un contexto de guerra donde Telegram ha sido esencial para reportes en vivo desde Ucrania.
Este bloqueo resalta las tensiones entre libertad digital y seguridad nacional en regímenes autoritarios, siendo relevante para usuarios globales que dependen de estas plataformas y para debates sobre privacidad en internet. Su cobertura en un portal de TV permite contextualizar cómo la tecnología influye en conflictos geopolíticos, atrayendo a una audiencia interesada en innovación y derechos humanos.
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Rusia Bloquea WhatsApp y Telegram para Aumentar Control sobre Internet
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