La desclasificación de archivos sobre Jeffrey Epstein, el financista condenado por tráfico sexual de menores que se suicidó en 2019, genera un terremoto global con implicancias en figuras de poder. En EE.UU., la fiscal general enfrenta críticas en el Congreso por censuras selectivas en documentos y exposición indebida de víctimas, mientras Bill y Hillary Clinton, Donald Trump y Ghislaine Maxwell (condenada socia de Epstein) son salpicados por vuelos compartidos, visitas a la Casa Blanca y comentarios reveladores de Trump sobre el caso. Más de 38.000 referencias en millones de archivos exponen redes de influencia.
En el Reino Unido, el gobierno laborista de Keir Starmer resiste tras la renuncia de Peter Mandelson como embajador en EE.UU. por vínculos con Epstein, incluyendo presunto tráfico de información clasificada a cambio de favores. En Francia, el exministro Jacques Lang dimitió de un instituto cultural por estancias en propiedades de Epstein post-condena. La realeza británica ve al príncipe Andrés bajo escrutinio penal por abusos alegados y posible espionaje, despojado de títulos por Carlos III; en Noruega, la princesa heredera Mette-Marit enfrenta polémica por más de mil menciones, coqueteos y visitas a la mansión de Epstein tras su condena, agravado por el juicio de violación a su hijo.
Este escándalo, que combina pedofilia, corrupción y sobornos, debilita gobiernos y cuestiona elites globales, revictimizando a sobrevivientes como Virginia Giuffre. Para el público internacional, resalta la impunidad de poderosos y la necesidad de transparencia judicial, con investigaciones en curso que podrían redefinir carreras políticas y monarquías, subrayando lecciones sobre abuso de poder en la era digital.
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Escándalo Epstein sacude al mundo: renuncias en gobiernos y realeza por vínculos revelados
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