En un día marcado por la tensión política, una manifestación frente al Congreso de la Nación derivó en enfrentamientos violentos entre manifestantes, policías y periodistas. El informe en vivo revela cómo grupos encapuchados armaron bombas Molotov, destrozaron veredas para usarlas como proyectiles y prendieron fuego a contenedores, convirtiendo la Plaza del Congreso en un campo de batalla. La policía respondió con gases lacrimógenos, balas de goma y carros hidrantes, resultando en 20 detenciones y heridos entre la prensa, como el periodista Fabián Rubino.
El impacto económico es devastador: el Gobierno de la Ciudad estima un costo de 170 millones de pesos en daños a mobiliario urbano y veredas. Comercios locales, obligados a cerrar prematuramente por temor a saqueos, perdieron un día clave de ingresos. Un caso emblemático es el de una empleada de un café en Rivadavia, quien relató cómo manifestantes usaron sus mesas y sillas como escudos contra la policía, dejando el local dañado y expuesto al gas pimienta residual que aún irrita la zona al día siguiente.
Esta protesta, enmarcada en el debate por reformas laborales, destaca la delgada línea entre el derecho a manifestar y la violencia organizada. Mientras sindicatos se retiraron tempranamente, grupos marginales escalaron el caos, encendiendo alertas sobre infiltrados que buscan desestabilizar. Las autoridades prometen identificar a los responsables mediante videos, subrayando la necesidad de diferenciar manifestantes pacíficos de vándalos para restaurar el orden público y la confianza en las instituciones.
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Escándalo en el Congreso: Protesta violenta deja daños millonarios y comercios cerrados
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