En Rosario, la tensión escala con un paro masivo de la policía provincial que entra en su segundo día, motivado por demandas salariales urgentes y condiciones laborales precarias. Los efectivos, junto a familiares y jubilados, mantienen una vigilia frente a la jefatura de la Unidad Regional II, bloqueando accesos con patrulleros y encendiendo neumáticos en señal de protesta. El conflicto surge de sueldos básicos de alrededor de 135.000 pesos, insuficientes para cubrir la canasta básica, agravado por jornadas extenuantes y desarraigo familiar, lo que ha llevado a al menos 28 suicidios en tres años entre los uniformados.
La manifestación incluye testimonios conmovedores de policías retirados y familiares, destacando la naturalización de los suicidios por parte de autoridades y la falta de apoyo psicológico. Aunque el gobierno provincial anuncia suspensiones de disposiciones disciplinarias, los manifestantes exigen respuestas concretas, como aumentos que superen la inflación y recuperación de puestos para quienes entregaron armas y chalecos. Esta protesta ilegal, según las normas, pone en jaque la seguridad en una ciudad azotada por el narcotráfico, generando un efecto contagio potencial en otras provincias.
El paro resalta la crisis en las fuerzas de seguridad argentinas, donde bajos salarios y estrés psicológico convierten a los protectores en víctimas. Mientras se negocia con el jefe provincial, la ministra de Seguridad nacional, Patricia Bullrich, reitera que no avalará huelgas en servicios esenciales, pero reconoce la validez de los reclamos. Este episodio subraya la necesidad de reformas estructurales para garantizar la estabilidad y el bienestar de quienes custodian la sociedad, un tema de interés público en tiempos de inseguridad creciente.
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Paro policial en Rosario: Reclamos salariales y vigilia por mejores condiciones
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